Estamos acostumbrados a ver, en el ámbito de la ficción, que los percances entre humanos y animales (picaduras, mordeduras..) se suelen saldar con la aparición de habilidades varias en los primeros. El altercado que sufre la protagonista de este libro no sigue esa ecuación, al menos que entendamos la (dramática) toma de conciencia de su realidad como un “poder”.

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Quienes esperábamos ansiosos la llegada a las librerías de la nueva novela de Luis Landero –cualquiera que haya leído sus Juegos de la edad tardía entenderá tan gozosa impaciencia- sentimos cierto repelús cuando, hace unas semanas, reseñas y notas de prensa la presentaban en sociedad comprimida en la vitola de “novela sobre la felicidad”.

Cada vez que tengo oportunidad de entrevistar a un escritor incluyo una pregunta sobre el papel social que tiene su obra. Encuentro respuestas variadas habitualmente reflejo de sus textos. Desde quienes no creen que deban adoctrinar a nadie, pasando por aquellos que se erigen en voz tertuliana (de pago) más o menos influenciada, sin descartar la tercera vía, la de los que siguen aumentando la bibliografía de la Guerra Civil

No toda la extensa producción de George Simenon (Lieja, Bélgica, 1903 – Lausana, Suiza, 1989) tiene como protagonista al comisario Maigret. De hecho, poco más de un centenar de obras entre novelas y relatos, mientras que el resto de sus creaciones de ficción asciende a doscientos cincuenta textos. A este último grupo pertenece El gato, publicada en 1966,

La primera novela del inglés David Whitehouse (Nuneaton, 1981) nos sumerge en el entramado de dependencias y servidumbres que, si es habitual encontrar en una familia normal, con mayor razón estará presente en la de Malcolm Ede, personaje que, en lugar de asumir las responsabilidades que conlleva el acceso a la vida adulta, decide, al cumplir los veinticinco, permanecer en cama de forma indefinida y acumular grasas hasta convertirse, con media tonelada, en el hombre más gordo del mundo.

Lumen propone este otoño una obra romántica, segunda novela de la británica Katherine Webb autora de El Legado con la que obtuvo un gran éxito de ventas y lectores. Una canción casi olvidadaestá ambientada tanto en la década de 1930 como en la actualidad. Cuenta la historia de Dimity Hatcher, una ingenua joven que ha crecido en la costa de Dorset cuya vida da un vuelco con la llegada a su ciudad del mujeriego artista Charles Aubrey.

Escrito por Federico Guzmán Rubio Federico Guzmán Rubio nació en la ciudad de México en 1977. Estudió la licenciatura de Letras Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y ha trabajado como traductor y redactor para diversas casas editoriales de su país. Actualmente reside en España, donde cursa estudios de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid. Reseñado por El Limonero

Escrito por Mara Torres Mara Torres es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su trabajo en radio en 1994 en un programa universitario en la emisora Onda Mini. Desde 1995 desarolla su labor profesional en la cadena SER:hasta 1997 trabajó como productora y redactora y productora de Hor por hoy y Hola,Madrid; después y durante tres años,dirigió el programa de entrevistas A contraluz. Durante 5 años ha presentado y dirigido Hablar por hablar programa lider en la franja nocturna de la radio española. También imparte cursos de comunicación y realiza sus estudios de […]

Escrito por Manuel Valera Manuel Valera, (Córdoba, 1976) Licenciado en Ciencias de la Información, rama de Periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid y estudiante del Grado de Física, ha pasado por cuantos medios se han inventado hasta ahora: prensa escrita, radio, televisión y publicaciones en la web. Después de coquetear con el periodismo deportivo, trabajó escribiendo guiones para el matinal de humor y actualidad La Monda, de Europa FM. Ha sido hombre del tiempo en Canal Málaga, director de la publicación mensual The Bridge Times, guionista del programa infantil Comecaminos en Clan TV y coordinador de guión de los […]

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Continuamente oigo hablar despectivamente o con menosprecio irónico de los que compran, regalan y coleccionan libros que después no leen o leen a medias y de forma descuidada. Es decir, aquellos que usan los libros de una manera heterodoxa. Me gustaría -sin despreciar, está claro, la línea ortodoxa de la buena lectura- defenderlos un poco, precisamente estos días que celebramos la festividad de San Jorge. Pienso que el amor al libro, supera a veces la simple valoración de su contenido y de su posible mensaje, es decir, supera la afición a la lectura. La situación ideal sería aquella en la […]

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