Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) ahonda en el estilo que le caracteriza, una poesía que finge ser ensayo y que sin embargo es pasión, que parece rasear con frases reflexivas pero que vuela con el esplendor relajado de las águilas.

Una antología de un poeta así, tan universal en la transmisión más sutil de los sentimientos humanos, de la racionalización del pensamiento como indagador en el alma ávida de conocimiento, de religiosidad en el sentido de trascendencia, de vinculo, es un regalo difícilmente eludible para cualquier ‘conciencia sentiente’, como diría Zubiri.

1

La palabra, bajo la advocación de esta autora sutil y trascendente (esto es, pensadora con delicadeza acerca del todo, de la realidad o realidades de todo) descansa, sosiega y se hace un interlocutor entrañable. Así es la dúctil poesía: “Eres bella –le digo a la vida-,/ imposible imaginarte más exuberante,/ ni más ranil, ni más semillera” Ahora bien, debió haber pensado la poeta, lo bueno con humor resulta no solo más llevadero como vida, sino también para el buen régimen digestivo de nuestro más o menos largo viaje por ella: “¡Qué montaraz el saltamontes,/ qué mora la zarzamora!/ Nunca creerlo […]

Sorpresas