La obra de Miguel Hernández, al completo 75 años después

Por Ricardo Martínez-Conde

    ¿Por qué no comenzar la crónica del acto de presentación de un libro fundamental en su materia, el conocimiento cabal, detallado y consecuente de la obra del poeta Miguel Hernández con una anécdota entre graciosa y sutil, algo que, a buen seguro, a él, un hombre dotado de alegría natural y sentido del humor le  hubiera encantado?

    Pues bien, la anécdota es la siguiente: en un momento dado del acto entre familiar y académico, uno de los presentadores del libro exclama: “Como decía Jesucristo”, hablando del poeta al que se recuerda, se entiende.

    Claro, sonrisas: ¿qué ocurriría, para el caso, si estuviese presente el propio Miguel, no precisamente el mayor defensor de la  Iglesia como poder influyente.

  Pero desvelemos ya el chascarrillo. Jesucristo es nada menos que el nombre de un profesor -que,  afortunadamente, otras  veces se le cita por su apellido- y es una verdadera autoridad en el conocimiento-y la  buena transmisión- de los contenidos literarios de ese poeta tan significativo y aludido como es Miguel Hernández. Y ¿Qué le otorga esa autoridad al profesor Riquelme, responsable de esta riquísima memoria del legado del poeta de Orihuela? Que ya en su tesina de  licenciatura, hacia los años 70, se ocupó de su obra. Que en 1986 presentó, como tesis de licenciatura, siete tomos dedicados al autor, y que los últimos ocho años los ocupó a tiempo  total para recuperar prácticamente la totalidad de los originales  del autor. Ello permitió que esta mañana, en el marco del restaurante Los Gayardos -un lugar uncido a las tertulias de ataño, donde el autor participó-, nos pudiese presentar este tomo tan voluminoso de enjundia, tan cuidadosamente editado por Edaf, donde se recogen en torno a 3.000 correcciones a todas las ediciones anteriores del escritor. Algo que convierte este libro en una referencia inexcusable en adelante para todo lector, para todo estudioso.

    Y qué pudimos conocer  acerca de  su vida como hombre y como escritor, de prolífica y vigente obra, a sabiendas de que sigue siendo uno de los autores del 27 más consultados y leídos: Esencialmente:

-Que era un hombre esencialmente vitalista, que amaba la vida ‘viva’ por encima de todo a pesar de lo que se ha transmitido del contenido dramático, del compromiso social en su obra

-Que escribió poesía fundamentalmente, poesía para el pueblo, pero también teatro, y cuento, y literatura para niños, amén del ingente legado de su correspondencia, testimonio fecundo de su identidad real

-Que vivió un amor carnal que había de resultarle muy didáctico con  Maruja Mallo. Que Lorca le rehuía y que Vicente Aleixandre fue un verdadero hermano, y protector; su fiel editor, su amigo siempre

-Que, a pesar de su vil  asesinato por causa de la sinrazón de una guerra fratricida, él era un hombre de esperanza, hasta el punto de escribirle a su amada Joaquina poco antes de acceder al patíbulo: “Tú quedas en la sombra, yo me voy con la esperanza de  una futura luz del sol como futuro…”

 -Que era un perfeccionista que, con su obra, quiso sentar las bases de  un hombre reivindicativo, algo a lo que luego  se llamó lenguaje de la revolución. Y que a partir de ahí, obra y hombre se han consolidado como referencia humana y cultural.

    En la presentación se nos habló del poeta y el hombre. Algo que fue fácil entenderlo no solo de la boca de su estudioso mayor, el citado profesor Riquelme (con la colaboración de Carlos Taramás), sino por el interés también de las  palabras, emotivas y directas, de su nuera, la mujer de su hijo Manuel

Todo está aquí, en este volumen denso y a la vez lleno animo en favor de  un futuro más limpio, más cabal,  más comprometido con la verdad. Ahora el turno es del lector